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Cine

Sitges 2021 – Parte IX

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Última noche en el Soho‘- Edgar Wright vuelve a dar en la diana con su nueva película, como ya es costumbre. La enésima demostración de que existen pocos directores en el cine comercial con el estilo y la calidad del británico, capaces de crear personajes espontáneos y entrañables con dos líneas de diálogo, venderte su premisa y meterte dentro de la película en cuestión de minutos e impresionar tanto en el apartado audiovisual. Su particular homenaje a ‘Suspiria’ y Dario Argento es una cinta con un ritmo endiablado, plagada de colores muy vivos y espejos, muchos espejos. La dirección de fotografía es preciosa, muy llamativa, muy estimulante. La música y el diseño de sonido son una pasada, pero esto no es ninguna novedad en las películas de este hombre. Anya Taylor-Joy y Thomasin McKenzie tienen muy buena química, son un buen contraste la una de la otra y están fabulosas. Creo que ya podemos hablar de McKenzie como actriz a tener en cuenta después de ‘Jojo Rabbit’, ‘Tiempo’ y esta, diferentes registros muy bien llevados. La trama sabe manejar muy bien el misterio y tanto el inicio del conflicto como la resolución son escenas tremendas. La incursión en el terror es buena, con momentos muy tensos y algo angustiantes, sin duda es su film más oscuro. Sabe jugar con el espectador y engañarle en más de una ocasión, divirtiéndose, alterando algunos estereotipos. La recreación de los años 60 es genial. El uso de efectos especiales por ordenador no es para nada acertado, ni tampoco aguantar el misterio de algo que se ve venir desde los primeros minutos. Resumiendo, ‘Última noche en el Soho’ es un trabajo bien hecho, con escenas memorables y un reparto excelente que vale la pena ver en pantalla grande. No es redonda, pero a Edgar Wright no le hace falta serlo para que el conjunto sea una delicia. *******

Necesitamos hacer algo‘?? La macarrada inesperada. Empieza encerrando en casa a una familia muy disfuncional y rota, intentando retratar lo desesperante que puede ser estar encerrado en tu propia casa y que sea imposible salir; algo que no funciona. No consigue transmitir esa sensación de agobio y desesperación que debería que percibir el espectador. Si que sabe como recrear a la familia que protagoniza el film, con unos personajes bien definidos y la relación entre ellos establecida rápidamente, con gestos, miradas y recursos sutiles. Es el manejo de la amenaza exterior su punto fuerte, que sin ningún tipo de complejo, la va agrandando escena tras escena (a cada cual más exagerada y loca), para darle una conclusión sorprendentemente buena. La trama secundaria es lo que más lastra a la película, haciéndonos salir de la casa a base de flashbacks, cuando creo que habría sido mucho más interesante ingeniárselas y que el espectador tampoco pudiese escapar nunca de ese lavabo. La única pega que le pongo al reparto es la de un Pat Healy sobreactuado hasta la extenuación, en busca de ser la estrella o el más memorable de todos, para acabar siendo el más irritante. Cine de género en su máximo exponente: Divertida, gamberra y políticamente incorrecta. ******

‘Aquí antes’ – De sus 90 minutos hay 60 que son simplemente insoportables, con unos problemas de ritmo brutales. Es de esas películas que se creen mucho más inteligentes de lo que realmente son, que te machacan con silencios interminables y estiramiento exagerado de conceptos que ya quedan claros la primera vez. Los temas de los que habla ya se han visto cientos de veces en el cine y no hace nada para que su forma de hacerlo sea digna de ser recordada. Es un telefilm con aires de grandeza. Pero luego tiene unos últimos 30 minutos donde todo explota, donde se vuelve loca y usa canciones infantiles para crear inquietud, pasa de ir gateando a ir corriendo, haciendo un sprint. Se pone a desvelar todas sus cartas, una tras otra. Un final no sorprendente, pero bien rodado, que revienta toda la tensión que hay entre los personajes durante todo el film. Andrea Risebourgh está por encima de la película, con una interpretación brutal, que tiene su broche de oro en esos últimos minutos. ****

‘El mundo ardiente’ – El mayor despropósito que se ha podido ver en todo el festival. Yendo más allá, puedo decir que es una de las peores películas de los últimos años. Esta ‘Alicia en el país de las maravillas’ en clave oscura es desesperante, irritante, pretenciosa y ridícula. La directora, nombre, debió pensar que ir encadenando todos los recursos visuales que le enseñaron en la escuela de cine iba a ser suficiente para que saliera una cinta cool y alternativa, pero lo único que consigue es que sea una acumulación de conceptos sin ningún sentido narrativo. Siempre está bien cuando una película se esfuerza en no ser expositiva y darle al espectador algo de cancha para que dé rienda suelta a su imaginación, pero esto es otra cosa. Es un guion que te lleva de un lado a otro sin darle ninguna importancia a la coherencia narrativa, lo único que busca es crear imágenes potentes, localizaciones memorables y una mitología alrededor de esta reinterpretación del cuento de Lewis Carroll, de forma totalmente fallida. La cosa no se queda ahí, y el reparto suma en este circo de los horrores, estando sobreactuado hasta el ridículo, siendo la protagonista una decisión de casting que solo podría tomar su directora (spoiler: son la misma persona). De aquí me llevo uno de los peores usos de la música en un largometraje (fuera de lugar y demasiado estridente) y un montaje que parece más de un tráiler que de una película de 90 minutos. *

Cryptozoo‘- Una historia convencional al servicio de una animación extraña e hipnótica. No tengo muchas quejas sobre su guion, funciona bien, pero se nota que es lo que menos le importa a su director, un vehículo puramente diseñado para que luzca la animación y el diseño artístico de la película. Ambos apartados excelentes, y no solo eso, también cuentan con una personalidad enorme. Las criaturas están claramente inspiradas en los yokai del folklore japonés, solo que llevado ese concepto a la cultura estadounidense y el capitalismo. Lo que empieza como un bonito proyecto sobre la persistencia y seguridad de los críptidos acaba mutando en un negocio con el que aprovecharse de estas bestias y sacar partido de la privación de la libertad a la que están sometidos. Entra en juego lo moralmente discutible de esos supuestos centros de conservación de especies que son los zoo, el pensamiento militarista del gobierno de los Estados Unidos y el egoísmo del ser humano. Le falta ambición, y eso hace que no llegue a más, quedándose en otra de esas películas con una animación excelente pero una trama conservadora. ******

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